Crisis para la crisis

"Crisis: Exceso, billete sin cambio, el último verano, rebajas de invierno, muerte chiquita, Wall Street, “five minutes to midnight”, Juan, tres veces seis, tiempos verbales, ayer, hoy, mañana, también, todavía, tiempo sin tiempo, yo, tú, él, ella, nosotros, ustedes, cualquiera, crisis en crisis, crisis sin crisis."
— Crisis para la crisis

Crisis: Exceso, billete sin cambio, el último verano, rebajas de invierno, muerte chiquita, Wall Street, “five minutes to midnight”, Juan, tres veces seis, tiempos verbales, ayer, hoy, mañana, también, todavía, tiempo sin tiempo, yo, tú, él, ella, nosotros, ustedes, cualquiera, crisis en crisis, crisis sin crisis.

Hoy por hoy, parece ser que la crisis se ha convertido en un carcinoma cuyo principio no tiene fin. Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos en crisis. Basta con encender la televisión, leer el diario o escuchar la radio para darse cuenta de que todo gira en torno a la crisis: Crac en la economía, elecciones fraudulentas y excomuniones. Entonces llega el horror y la esperanza, el horror de seguir viviendo en crisis y la esperanza de poder salir de ella.

 Si nos asimos al horror nos colocamos con la oposición, tomamos el estandarte de la lucha y nos repetimos una y otra vez: “la revolución no es un juego”. Buscamos líderes y nos revelamos contra el capital. Le echamos la culpa al capital y a los capitalistas, entonces la crisis se vuelve culpa del capitalismo. En palabras de John Holloway: “Nos declaramos anticapitalistas, pero tenemos la cabeza llena de ideas generadas por el capitalismo” Citado: (Jiménez, 2012). Nos volvemos la crisis.

En cambio, si nos colgamos de la esperanza, congelamos el grito y confiamos en las recetas del Fondo Monetario. Apagamos el sueño y nos repetimos una y otra vez: “la revolución es un juego”. Regresamos a nuestras casas y guardamos machetes y palos. Confiamos en que la crisis del capital es pasajera y en lugar de buscar soluciones, dejamos que la teoría justifique sus fallas y recitamos lo que Maquiavelo diría: “porque hay tanta distancia entre cómo viven los hombres y cómo deberían vivir que, quien abandona el estudio de lo que se hace para estudiar lo que debería hacerse, prepara más bien su ruina que su preservación” Citado: (Villoro, 2001)

Sin embargo, tanto la esperanza como el horror han tenido el mismo resultado, el del fracaso. Tan es así que los horrorizados, cansados de luchar, se transformaron en esperanzas. Mientras que las esperanzas, cansadas de esperar, se volvieron al horror. Pero esto sólo puede ser posible por dos razones: por la falta de fuerza en la lucha o por la debilidad de la crisis. En cualquier caso, sólo cabe una pregunta ¿Qué hacer con la crisis? La pregunta de siempre, la Hidra de nueve cabezas, aquella a la que a cada respuesta le crecen dos preguntas.

No obstante, no es la pregunta el problema sino la respuesta. Todo se resume en “ser felices” y no hay nada más que eso, “a rose is a rose is a rose y nada más” (Cortázar, 2009). Pero, parece ser que nos cuesta trabajo asimilar que vivimos en un mundo equivocado, es como cuando el médico nos dice que tenemos cáncer, nos negamos a creer que es verdad. 

Es este rechazo el que nos orilla al no hacer, al dejar “ser” para poder “estar”.  Es este rechazo el que nos empuja a la resignación, al cese de la reflexión y a la adopción de la teoría como justificación de la praxis. Un ejemplo muy característico en el que la teoría se convirtió en el pretexto de la práctica e incluso en un modus vivendi, es el de la política mexicana.

Al igual que sus congéneres postcoloniales (con sus excepciones), la política en México se ha corrompido o como diría el Subcomandante Marcos, la clase política se desdibujó. Los políticos, que según Guillermo Fadanelli, “hoy son bufones ansioso de votos que prefieren rodearse de asesores de imagen” (Fadanelli, 2005) no se han tomado el tiempo necesario para reflexionar el verdadero significado de su función como lideres políticos. Así como, los gobernados que, tampoco se han dado el tiempo suficiente para meditar su función como gobernados.

Lo político como tal se ha viciado o en otras palabras, se ha fetichizado. Esta fetichización consiste en el envilecimiento subjetivo del representante singular, que tiene el gusto, el placer, el deseo, la pulsión sádica del ejercicio omnipotente del poder fetichizado sobre los ciudadanos disciplinados y obedientes. Se fetichiza cuando creen que ejercen el poder desde su autoridad autoreferente (Dussel, 2006).

México sin embargo, a diferencia de sus compañeros latinoamericanos, parece estar más inmerso en este sistema. Algunos dicen que esto se debe a su cercanía con Estados Unidos, “¡Pobre MéxicoTan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos o en vocablos más recientes: “¡Pobre MéxicoTan lejos de Octavio Paz y tan cerca de Espinoza Paz”. Y aunque parezca un cliché, tanto la una como la otra son totalmente ciertas.

Si hablamos de exportaciones, Estados Unidos ha atiborrado el mercado mexicano a manos llenas. Le ha dado el maíz, las gasolinas y ¿por qué no? Le ha dado hasta presidentes. De poquito en poquito implantaron un sistema y con este la necesidad del mismo, se nos hizo firmar y como siempre se les olvido avisarnos de los efectos negativos.

Hombres de gris con títulos de Yale y de Harvard aplicaron recetas contra el pueblo, nos dijeron que la panacea era el mercado y caímos. Nos dejamos convencer por un sistema racional irracional, el neoliberalismo. Cantidad por calidad, cuando el desarrollo tiene que ser cualitativo y no cuantitativo. La ganancia por encima de todo, “capital muerte” o muerte al capital.

Sin embargo, no es necesario ir tan atrás para demostrar que las cosas no han cambiado. Las pasadas elecciones, son ya un ejemplo claro de las exacerbaciones del neoliberalismo.  Tenemos por un lado a las televisoras, que de herramientas del estado pasaron a ser dueñas del estado. Pero también tenemos a los movimientos sociales, que aunados a la clase obrera son los únicos que pueden generar el cambio e instituir así una democracia participativa.

Es aquí donde se vuelve al principio y dónde nos volvemos a preguntar ¿por qué tanto la exacerbación del neoliberalismo, como la articulación de los movimientos sociales no han logrado acabar con la crisis?  En cualquier caso, la respuesta es la misma. Si lo que se quiere es terminar con la crisis y si esta se expresa como la des-articulación extrema de las relaciones sociales, entonces la revolución debe entenderse, en primer lugar, como la intensificación de la crisis (Holloway, Cambiar el mundo sin tomar el poder, 2010). Pero habrá que tener cuidado, porque la crisis no sólo es contra-estructura, sino que también podría significar la restructuración del capital. Es decir, que tenemos que forzar a la crisis para colgarnos de la oportunidad de la revolución, antes de que el capital se cuelgue de esta. 

Jorge Murillo

PREÁMBULO A LAS INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ 

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con  áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben,  lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico.Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj. 

Padre nuestro que estás en los cielos
Santificado sea nuestro destino
Y más aún nuestro manifiesto.
Venga a nosotros tu reino,
Hágase tu voluntad,
Así en América como en la Tierra.
No nos dejes caer en la conquista
Y líbranos de toda inmigración.
Padre nuestro y sólo nuestro
Vénganos, no solo hoy,
Sino también mañana.
Danos hoy el pan nuestro de cada día,
No nos libres de nuestros deudores
Y has de ellos el dólar su pan
De cada día.
Padre nuestro, ¡Oh Padre nuestro!
No pido mucho, mas sólo pido lo que merezco
Y ya en desarrollo
Líbranos de todo mal, amén.