"Quisiera tenerte a mi lado, debajo o encima. El orden de los factores no altera el producto."
— J. Murillo
"Se busca mujer sin nombre, de preferencia con tres bocas y el pecho lo suficientemente grande para albergar dos corazones. Se busca mujer sin nombre que busque hombre sin nombre, de preferencia con tres bocas y el pecho lo suficientemente grande para albergar dos corazones."
— Jorge Murillo
"Si despues de la paja sigues pensando en ella… la amas."

Hoy es martes y me siento como en uno de esos lunes en los que pienso que es martes. Había demasiado hastío en el ambiente, un poco de frío caluroso y un viejo recuerdo que se esbozaba conforme pasaban las horas. Los minutos corrían deprisa con galantería y no con descortesía. Corrían como nunca, como si el tiempo estuviera consciente de que horas después se detendría para siempre. Las mejores eternidades son aquellas que caben en cinco minutos.

El reloj marcaba las dos, el calor era frío y un viejo anhelo se esbozaba pisada a pisada. Lo que anteriormente me habría llevado 20 pisadas, me llevo sólo 2 pasos y media zancada. El calor se ponía más frío y el anhelo más tibio. La espera, desesperada de esperar, encendió un cigarrillo; reloj de los que acostumbran a andar sin reloj.

Una mano fría me toco la cara en un fallido intento de cubrir mis ojos. Era la misma de antes, las mismas imperfecciones perfectamente ubicadas, los mismos ojos, la misma sonrisa (sobre todo la misma sonrisa). Estaba allí, jugando al escondite detrás del barandal, bajo la sombra de un cirro travieso y oscuro. Cruzado el muro de hierro acercó su mejilla y yo acerqué la mía.

HOLA Y ADIÓS

Lo que siguió, bien podría resumirse en una pequeña letanía: Sol, silencio, pregunta y respuesta, deseo, pretexto, excusa de excusa, nostalgia, futuro, todo de todo, nada de nada, nada de todo, todo de nada, boca, sonrisa, ojo, pupila, verbo confeso, me gustas, te gusto, hora de irse, triunfante vencido.

HOLA Y ADIÓS

[1]

Hela aquí tan sonriente, pero ahora su sonrisa no me sirve. Aquel gesto tierno y sensible, plagado de imperfecciones sutilmente adecuadas no me sirve, ya no. Lo que ahora ambiciono es hacer de mis labios sus labios y que por reciprocidad, sus labios se vuelvan mis labios… Dejarnos llevar por aquel preludio previamente anunciado, olvidarnos del presto y ya despojados de todo, caer en la redundancia del momento, arrojarnos de lleno al silencio. Sólo y solamente para que después nos digamos adiós.

Jorge Murillo

Bastante ya se ha escrito de las sonrisas. Las hay serias, de ocasión y de respuesta, de Sol y de Luna, las hay contagiosas: sonrisas cosquilla, sonrisas cebolla. Pero sobre toda sonrisa, está la tuya. Está la tuya que no es sólo sonrisa, que no es gesto sino pupila y boca, nariz y garganta y es que la tienes tan adherida que sería imposible describirte sin ella. Pero no sólo está la tuya, pues por debajo está la mía que ríe cuando sonríes, reflejo maltrecho y desfigurado, que si bien forma parte de la sonrisa precedente no logra continuarla. Es tu sonrisa mi ventura y mi fortuna, mi pedacito de cielo de 7 colores. Es por tu sonrisa que nace la mía. Es tu sonrisa anulación de sonrisas, creación de sonrisas, “challenge and response”. Cuando sonríes, cuando sonríes.

Jorge Murillo

Aquí empieza lo que probablemente no terminará y que no ha de terminar porque quizá no ha de comenzar. Un comienzo que nace del cosquilleo, el mismo que le acuñan a las mariposas, aquel que se acerca presuroso como alergia, desde la boca del estomago y que con suerte terminará en la punta del algún lápiz.

Por otro lado, es difícil comenzar cuando lo que en realidad se quiere es terminar. Es por eso que prefiero los finales, siempre resultan mejores cuando lo que se quiere es contar algo, pues no sólo le precede un comienzo, sino que también le es ulterior.

Primer comienzo: El Recuerdo

Estaba buscando alguna analogía que me sirviera de escape a las palabras ya dichas en comienzos anteriores, algo que fuera y no fuera un plagio al libro que había leído la anterior noche, algo distinto a la canción que no he escuchado aún. No buscaba palabras, buscaba conceptos.

De pronto llego a mi memoria un viejo artículo un tanto extravagante, que en otras escalas sería irrelevante e incluso irrisorio. El artículo hablaba del falo de un pato o quizá hablaba del pato. Era el pato zambullidor de pico azul o tal vez el pato azul zambullidor, no lo recuerdo y en realidad no importa; el orden de los factores no afecta el producto en cuanto escuchas las proporciones del falo (30 cm en reposo y 45 en acción). Sin embargo, no pasaron más de 10 minutos para que terminara por desechar tan burda comparación y no porque no hubiese semejanza alguna con la “realidad”, la del pato y la mía, claro, sino que metafóricamente no había mucho que relacionar (cualquier exageración rompería el encanto).

Sin mucho que decir salí a ventilarme un poco, con la esperanza de todo, menos de ventilarme. No paso mucho tiempo para que un vendaval con “v” de venganza abofeteara mi vanaglorioso peinado. Corrí a la ventana de un auto, que desde siempre me han gustado, con ese efecto encorvado y opaco. Me miraba de frente, de costado y de lado, me acercaba y me alejaba. Buscaba el momento perfecto en el que un rayo de sol rebotará ligeramente en mi cara, como si aquella ventana me fuese a congelar en el tiempo como una de sus mejores fotografías, cosas de espejos.

Jorge Murillo

Mirar de reojo no más de quince segundos ni mayor a quince veces, cualquier esfuerzo de más, podría cegar el momento. Observar los hombros, las manos, los dedos, los ojos, los labios, el rostro sin los ojos y los labios, las pausas, las contracciones involuntarias; el orden no importa, pero observa. Si a tu reojo viene el suyo, retrocede o el análisis se verá derrumbado por mejillas psicosomáticas y bochornos fríos.

Aprovecha los muros, haz de mesas y sillas y demás mirones tu trinchera. Esconde y esquiva, disimula. Aprovéchate del vaso de café reciclado y el póster de fiesta, que a nadie le importa pero todos miran. Si el cuello se cansa, voltea; esto además de descanso, despistará al enemigo.

Voltea, observa, agacha y levanta; busca, conquista, abandona. Miradas furtivas se entrelazan en un juego de la nada, en donde no se sabe si se es el que observa o el observado.

Jorge Murillo

Sin latidos atónicos, sin noches con luna, sin dilataciones oscuras. Sin bocas que escuchen ni oídos que hablen. Sin ti y sin mi, sin ella con él.

Jorge Murillo

"El mundo ya es lo suficientemente absurdo como para que me tengas aquí extrañandote."
— Murillo
"Estoy obsesionado, me siento tan ridículo. Ando por las nubes, es estúpido. Hace tanto tiempo que no me enamoro. No he tenido esta sensación por años, ¿sabes? El estómago hecho un nudo, el pecho que arde, las piernas débiles. Sé que debo calmarme, controlarme. Pero no puedo. No puedo."
— La belle personne